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Potenciar la plasticidad cerebral tras un ictus

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Potenciar la plasticidad cerebral, clave para una rehabilitación rápida y eficaz tras un ictus.

La desactivación temporal de las señales neuronales en las zonas próximas al área cerebral dañada por el ictus puede ayudar, y mucho, en la recuperación de los pacientes.

Una mayor duración e intensidad de la rehabilitación, logra una mejor recuperación tras un ictus.

Cada año, en torno a 120.000 personas en nuestro país –y más de 17 millones en todo el mundo– padecen un ictus o accidente cerebrovascular. Un episodio que, además de asociarse a una gran mortalidad, se corresponde con una de las primeras causas de discapacidad global. De hecho, la gran mayoría de los 300.000 españoles que han sobrevivido a un ictus presenta algún tipo de discapacidad residual y, por tanto, se ven abocados a seguir tratamientos de rehabilitación.

En ocasiones durante periodos muy largos, cuando no de por vida. Sin embargo, es posible que investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Washington en St. Louis (EE.UU.) hayan encontrado la manera de lograr una manera más rápida y eficaz de revertir estas secuelas. ¿Cómo? Pues ‘desactivando’ durante un tiempo las áreas cerebrales próximas a la dañada por el ictus para que asuman sus funciones.

Como explica Jin-Moo Lee, director de esta investigación publicada en la revista «Science Translational Medicine», «tenemos que replantearnos cómo llevamos a cabo la rehabilitación en el ictus. Por lo general, esta rehabilitación se centra en entrenar a los pacientes para tratar de compensar la discapacidad causada por el ictus. Pero se trata de una estrategia que tiene una efectividad limitada. Nuestros resultados sugieren que podríamos estimular la recuperación al ‘desactivar’ temporalmente una región del cerebro y, así, hacer que esta región adquiriera una mayor plasticidad. Y una manera de hacerlo sería inmovilizando una extremidad sana».


Reposar para ‘recablear’

Cuando un área del cerebro sufre una lesión, las neuronas que se encuentran en las zonas anexas se regeneran y establecen nuevas conexiones para tratar de solventar el daño. Una capacidad del cerebro denominada ‘plasticidad’ que explica por qué muchos pacientes que sufren un accidente cerebrovascular acaban recuperando su funcionalidad, si bien parcialmente, de forma totalmente natural. Por ejemplo, se sabe que una persona que, como consecuencia de un ictus, pierde completamente la movilidad en un brazo es capaz de mover los dedos de la extremidad dañada al cabo de una semana.

Y según han demostrado las pruebas de imagen, esto se debe a que el control del movimiento de los dedos se traslada desde el área cerebral dañada por el ictus a una zona vecina. O lo que es lo mismo, es una consecuencia de la plasticidad cerebral. Así, el grado de recuperación del afectado vendrá determinado por la capacidad de su cerebro para ‘redirigir’ las conexiones neuronales y trasladar las funciones a las zonas vecinas.

El objetivo del nuevo estudio fue analizar si la interrupción de señales sensoriales en un área cerebral próxima a una zona dañada por un ictus podría promover que esta área, dado que se encontraría ‘desocupada’ u ‘ociosa’, asumiera las funciones perdidas en la región afectada por el accidente cerebrovascular. Un beneficio para el cual se requeriría el ‘recableado’ adecuado de las conexiones neuronales. Y para ello, recurrieron a un modelo animal –ratones– al que provocaron un ictus.

La rehabilitación en la que se entrena a los pacientes para tratar de compensar la discapacidad causada por el ictus tiene una efectividad limitada

Concretamente, los ratones del estudio sufrieron un ictus en el área cerebral responsable del control de sus patas delanteras derechas. Y lo que hicieron los autores fue recortar los bigotes de los animales para suprimir la llegada de señales sensoriales al área cerebral que, responsable de esta función, se encuentra próxima a la dañada por el ictus.

Los autores midieron el grado de recuperación de los ratones en función del grado de movilidad de sus patas –tanto derechas como izquierdas–. Y lo que vieron es que, inmediatamente tras el ictus, todos los animales primaban el uso de su pata izquierda. Sin embargo, todo cambió a las cuatro semanas: los ratones cuyos bigotes habían sido trasquilados –que no así aquellos con los bigotes intactos– comenzaron a utilizar de nuevo sus patas derechas. Es más; cumplidas ocho semanas, los animales en los que se habían empleado las tijeras volvieron a usar las patas derechas e izquierda por igual. No así aquellos a los que no se recortaron los bigotes, en los que la movilidad de la pata derecha a los dos meses seguía siendo muy limitada.

El siguiente paso fue evaluar qué había cambiado en el cerebro de estos animales que explicara esta recuperación tan rápida. Y de acuerdo con las pruebas de imagen, la función de la zona cerebral que controlaba la pata derecha –dañada por el ictus– había sido asumida por el área en la que habitualmente se reciben las señales sensoriales procedentes de los bigotes. Pero solo en aquellos en los que habían sido recortados. En el caso de los ratones con los bigotes intactos, la función fue asumida por pequeñas zonas –no más allá de meros puntos– anejas al área de dañada. Y como consecuencia de esta asimilación tan repartida y no unificada, la recuperación fue mucho menor.


Hombros y bigotes

Pero, esta asimilación de la función de la pata derecha por el área que recibe las señales de los bigotes, ¿no provoca una pérdida, aun parcial, de la función original? Es decir, ¿debe esperarse que los ratones ‘trasquilados’ perdieran alguna sensibilidad de sus bigotes? Debe recordarse que estos bigotes, en los que abundan las terminaciones nerviosas, son esenciales para la localización de los objetos circundantes por los ratones. Pues la verdad es que no se sabe con certeza, pero en opinión de los autores no debería por qué ser así.

Como indica Jin-Moo Lee, «la parte del cerebro que controla los movimientos de los dedos es inusualmente grande en los músicos, y la zona para la navegación se encuentra igualmente aumentada en los taxistas. Pero el desarrollo de estas habilidades no provoca que los pianistas y los taxistas pierdan ninguna otra capacidad. Probablemente estén utilizando sus cerebros de forma más eficiente».

En definitiva, y con objeto de mejorar el proceso de recuperación tras un ictus, quizás haya que poner ‘a descansar’ el área cerebral próxima a la dañada. En este caso, y obviamente, los seres humanos no tenemos bigotes ‘ratoniles’, por lo que para recuperar la funcionalidad de un brazo habría, en teoría, que inmovilizar el hombro. Y es que en el cerebro humano, las áreas cerebrales que controlan los brazos y los hombros son vecinas.

Como concluye el director de la investigación, «quizás debamos empezar a pensar en mejorar los resultados de los tratamientos mediante la potenciación de la plasticidad en áreas específicas del cerebro. Nuestro trabajo muestra que es posible hacerlo y que podría conllevar a una mejora en la recuperación».

Fuente: abc.es

 

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